--Sergio--
 
FANTASÍAS con parejas swinger para intercambio completo,solas y solos para tríos o gang bang
--A LO QUE VINIMOS VAMOS...
=¿MIEDO A VOLAR?
--Mi primer trío HMH--
=MI SEGUNDO TRÍO HMH
--Sergio--
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Después de semejantes experiencias tan deliciosas con Carlos y con Alfonso, obviamente yo quise seguir experimentando, entonces hicimos un par de tríos más con dos nuevos muchachos que también resultaron muy agradables y después repetimos con Carlos una vez y dos veces con Alfonso… ¡Que delicia! Follar con dos hombres al mismo tiempo ¡era especta-culiar!

Tanto fue lo que todos estos machotes me pidieron que se los mamara que terminó gustándome mamar verga y ahora me encanta… Lo mejor es tener una verga en la boca y que al tiempo otra que me bombee el culo o la cosita.

Con cada encuentro me fui desinhibiendo más y mi gusto por el sexo en grupo fue en aumento pero no me atraía mucho hacer intercambio con parejas porque ¡Ah! Es muy sabroso tener dos hombres para una solita y, pensaba, que al estar con otra pareja tendría que compartir los machos con la otra chica.

Pero la curiosidad y los deseos de experimentar cada vez eran mayores y lo justo con Diego era que él también disfrutara de otras mujeres; varias veces imaginé la situación y me excitaba mucho la idea de ver a Diego follando con otra, entonces me decidí y le propuse que comenzáramos a buscar parejas para intercambio.

Por esos días habíamos comenzado a cruzar correos y a chatear con un tal Sergio que nos agradaba y parecía tener mucha experiencia en tríos HMH entonces decidimos que, mientras encontrábamos una pareja, organizaríamos otro trío con este nuevo y genial personaje… Y así lo hicimos:

Llegamos al punto de encuentro y ¡Por fin! Pude conocer a Sergio; charlamos largamente acompañándonos únicamente con el mejor café de Colombia, ¡Qué hombre tan agradable!
Me llamó mucho la atención que, en esta situación, Sergio era el hombre más tranquilo que habíamos conocido y se notaba que no hacía nada por impresionarnos sino que, desde el principio, fue absolutamente espontáneo… me resultó evidente que era experimentado en estas lides no porque contara nada o alardeara de sus aventuras sino por su serenidad y espontaneidad.

Diego y Sergio se entendieron tan bien que hablaban y hablaban entonces comencé a impacientarme porque ya era la 1 p.m. y me preocupaba el poco tiempo que teníamos… ¡Ahg! Yo entro a trabajar a las 5 p.m. y toda la semana estuve muy caliente pensando en este encuentro entonces yo quería ¡IR A FOLLAR YAAA! Y sacarle el mayor provecho posible al momento.

Yo conozco a Diego y sé que, si da con un buen interlocutor, puede pasar horas charlando… pero yo no quería ponerme en el papel de vieja cansona que comienza a acosar para ir a hacer lo que ella quiere. Alcancé a ofuscarme pero, por fortuna, se me ocurrió que, en vez de decirles algo, les jugaría una broma que seguramente los motivaría a irnos de una vez.

Ese día yo me había vestido de minifalda combinada con una delgada camiseta demasiado ajustada y el respectivo brasier debajo, pero encima me tocó ponerme un chaleco que me tapara el busto y no estar por la calle como una exhibicionista…

Sin que ellos dos se dieran cuenta, desabroché el sujetador por debajo de la ropa y después de hacerlo interrumpí su charla diciéndoles que les mostraría un truquito que les gustaría y, ante la mirada atónita de ambos, me quité el sujetador por entre las mangas y después me quité el chaleco quedando únicamente con la camiseta, de tal manera que el busto saltaba a la vista bastante expuesto.

La risotada que soltó Sergio se escuchó en todo el salón y los tres terminamos ahogados de la risa, entonces parte de la gente que estaba en las mesas de los lados voltearon a mirarnos.

Esperé a que dejaran de mirarnos y, de manera muy disimulada, le entregué a Sergio el brasier y ambos quedaron fascinados con mi truco, pero me acerqué a ellos y, en voz baja, les pregunté si les gustaba lo que veían y les pedí que me dijeran todo lo que les provocaba hacerme.

Ambos comenzaron a decirme morbosidades y yo estaba feliz con el efecto que mi estrategia les causó, sin embargo yo no quería detenerme ahí sino que pretendía hacer lo mismo con el panty pero, a pesar de tener minifalda, la quitada de esa prenda en público era demasiada evidente… Yo sabía que, para quitarme el panty sin que ellos ni la gente de los lados se diera cuenta, me tocaba cortarlos… ¿Cómo hacerlo? Hmmm… ¿Cuáles panty me había puesto ese día? ¡Ahhh! Tenía el hilito dental rojo… ¡Qué bueno! Solamente necesitaba hacer dos cortes sencillos, un corte a cada tirita de los lados y ¡Listo…!

Yo les hacía preguntas lujuriosas para entretenerlos al tiempo que, con disimulo, saqué mis tijeritas de la cartera y, como si yo quisiera que hablaran más bajo, corrí todo lo que pude mi silla aparentando que me acercaba para oír bien lo que decían, pero lo que realmente yo quería era que las piernas me quedaran ocultas debajo del mantel.

Un vez que corrí la silla y quedé acomodada en donde necesitaba, coloqué mi chaleco sobre muslos y falda de tal manera que el chaleco ocultaría los movimientos de mis manos.

Esperé a que ellos estuvieran distraídos y me metí las manos entre la falda para tantear lo fácil o difícil que sería hacer los cortes… ¡Ja! El asunto parecía fácil, solamente me tocaba tener cuidado para no dañar la falda ni cortarme la piel.

No quería que ellos dos se dieran cuenta de lo que yo estaba por hacer y, para disimular, me metí el dedo en la cuca y le dije a Diego que lo oliera.
¡Uy! Eso lo puso como un perro en celo y comenzó a chuparme el dedo, ¡Nunca imaginé que Diego fuera a excitarse tanto con eso!

Estaba decidida a cortar el panty pero, para disimular, le pregunté a Sergio si quería probar de lo mismo que le había dado a Diego y de una me dijo que sí.
Me metí ambas manos entre la falda, ellos me miraban con una sonrisita socarrona con la que dejaban ver su ansiedad, entonces hice como si me hurgara la cuca y que me masturbaba y hasta fui capaz de fingirles caritas de placer, pero era muy difícil concentrarme para hacerles el papelón y al mismo tiempo cuadrar a tientas la cortada del panty.

¡Zaz! Hice el primer corte con éxito y miré hacia los lados para ver si alguien me miraba y, para darme tiempo de alinear la otra tira y poner las tijeras en la posición adecuada, les dije a ellos que continuaran diciéndome lo que querían hacer…

Mientras ellos me hablaban yo continué con lo mío hasta que, con bastante dificultad, logré hacer el otro corte, entonces halé el panty hasta que lo retiré del todo y después lo convertí en una pelotita que oculté en el interior de mi mano… Me quedé mirándolos, disfrutando en secreto de mi logro y tratando de imaginar qué cara pondrían cuando les mostrara el tesoro que había en mi mano.

Finalmente le extendí mi brazo a Sergio con el puño cerrado y él quedó sorprendido porque seguramente estaba esperando que yo le ofreciera mi dedo para que lo oliera o me lo chupara, entonces le pedí que serrara los ojos y que pusiera las manos y rápidamente obedeció, entonces yo deposite la pelotita de tela roja entre sus dedos.

Sergio abrió los ojos y ni él ni Diego lograban identificar lo que yo le había dado, entonces Sergio comenzó a desmadejar la bolita de tela hasta que fue evidente que se trataba de mi panty y ambos soltaron sonoras carcajadas.

La gente se volteó a mirarnos y ¡Claro! Todos quedaban sorprendidos de ver a Sergio muerto de la risa con unos calzoncitos rojos en la mano porque el desgraciado no hizo nada para ocultarlos ¡Trágame tierra! La gente miraba a Sergio, a mí, a Diego, al panty y después se quedaban mirándome a mí como tratando de entender lo que estaba ocurriendo.

Con todo este juego yo ya estaba en el sumun de mi excitación, estaba demasiado ansiosa y al borde del desespero… ¡Quería culiar YA! Entonces me puse de pié e impacientemente les rogué que nos fuéramos, pero Sergio dijo que yo le había prometido algo y que no saldría de ahí sin "eso"...

Tardé un par de segundos en entender lo que quería y, cuando caí en cuenta de lo que me pedía, volví a sentarme y, otra vez me cubrí las piernas con el mantel y mi chaleco, rápidamente me metí un dedo entre la cuca y después se lo ofrecí, entonces Sergio me agarró suavemente por la muñeca y, de la manera más descarada y morbosa, comenzó a olerme la mano y finalmente se metió el dedo en cuestión a la boca y lo chupó como si fuera la más exquisita golosina.

Su osadía y semejante derroche de exquisita morbosidad hizo que me olvidara de la gente y, sin pensarlo, le dije que yo quería que me chupara igual la cosita y que me moría de ganas de que nos fuéramos de una vez.

Ante mis palabras, Diego se levantó disparado y se fue hasta la caja a pagar la cuenta en tanto que nosotros dos nos dirigimos a la salida; antes de salir me dio por mirar a nuestra mesa para ver si dejábamos alguna de nuestras cosas, entonces noté que la gente que estaba cerca a nuestra mesa murmuraban al tiempo que me lanzaban unas miradas bastante inquisidoras.

Ya en el carro Diego se descaró y, cada ver que la manejada se lo permitía, me metía la mano dentro de la falda o me manoseaba las tetas; yo estaba volando de la calentura y hubiera querido follar ahí mismo en el carro pero no fui capaz de hacer otra cosa diferente a acomodarme mejor para que la mano de Diego alcanzara a llegar hasta el fondo de mi entrepierna.

Sergio nos miraba y hacía bromas al respecto y yo lo miraba tratando de insinuarle que me hiciera algo ¡Yo quería que él también me manoseara! Pero no, Sergio no me hizo nada y en todo el recorrido rumbo al motel mantuvo su compostura pero no dejó de estar alegre, sonriente, picaresco y muy tranquilo.

Una vez que llegamos al motel y entramos a la habitación, Diego y yo nos atornillamos en un beso de esos que las lenguas parecen más un par de culebras peleando que un beso, entonces Sergio se acomodó en un silloncito y se limitó a observarnos.

En medio de los besos y el manoseo, de vez en cuando yo miraba a Sergio desafiándolo, como tratando de decirle con la mirada que se nos uniera pero él parecía estar muy complacido viendo nuestro show y esa actitud de Sergio me puso más caliente entonces no aguanté más y le pedí a Diego que me lo metiera.

Diego intentó desvestirme pero yo estaba con una ansiedad terrible entonces, con algo de impaciencia, le dije que no había necesidad de quitarme la ropa y, sin hacerse rogar, me condujo hasta la cama y me ayudó a acomodarme en cuatro patas en el borde; rápidamente él se abrió el pantalón y se bajó los calzoncillos un poco, lo estrictamente necesario para liberar su verga, entonces me subió la falda y acopló su palo en la puerta de mi cosita. Sentí morirme de gusto y me moví un poco hacia él, entonces sentí como su verga se abrió camino dentro de mí y se hundió hasta el fondo con gran facilidad, ¡Yo estaba emparamada!

Diego comenzó con movimientos suaves y fue aumentando el ritmo poco apoco… era la primera vez en toda mi vida que me daban verga con mi ropita puesta, ¡Ni siquiera me quité los zapatos! Pero yo estaba taaan arrecha que no tenía necesidad ni ganas de preámbulos…

No creo que Diego alcanzara a envestir más de 20 o 30 veces cuando comencé a retorcerme y a gemir como una perra herida y me vine… ¡Ufff! ¡Qué cosa tan maravillosa! ¡Culiar es lo máximo!

Estaba saliendo de mi éxtasis cuando sentí que Sergio se subía a la cama; él ya estaba completamente desnudo y se acostó enfrente de mí, boca arriba y puso su vega al alcance de mi boca, entonces me aferré a ese rollo de carnes duro y comencé a mamárselo con unas ganas que pocas veces se me despertaban.

Ese primer orgasmo me liberó de toda la ansiedad que yo traía y quedé inmersa en un sopor delicioso; Diego continuó bombeando con un ritmo constante muy placentero, ni muy fuerte ni muy suave, con lo que logró mantener viva mi excitación, entonces pude dedicarme a mamárselo a Sergio golosamente…

Para mí el gusto de mamar una verga está en juguetear con ella, chuparla, saborearla, lamerla, darle mordisquitos suaves, ¡Es gozármela con los cinco sentidos! Y en ese momento pude darme gusto porque Sergio me dejó juguetear con su verga a mis anchas y no hizo lo que hacen la mayoría de los hombres: agarrarle a uno la cabeza o por el pelo y convertirle a uno la boca en una vagina… a veces es rico que te hagan mamar a la fuerza y que te la metan hasta la garganta, pero me gusta mucho más mamar con delicadeza.
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Diego tuvo que detenerse dos o tres veces para controlarse y evitar regar su leche pero yo ya me lo conocía y creí que él estaba próximo a eyacular, entonces sentí muchos deseos de que me llenara con su semen y comencé a moverme para estimularlo y hacerlo derramarse dentro de mí.

Ambos fuimos apurando el ritmo, cada vez nos movíamos con más fuerza y más rápido y hubo un momento glorioso en que sincronizamos nuestras embestidas logrando que nuestros cuerpos chocaran con la justa fuerza que yo necesitaba para ascender en pos de otro orgasmo... Y continuamos así hasta que coroné y me consumí en otro profundo y delicioso éxtasis… En la medida en que yo tengo orgasmos, cada vez me queda más fácil llegar a otro.

Diego comenzó a disminuir el ritmo de sus envestidas y yo estaba volviendo a este mundo pero noté que yo quedé en “ese” momento clave en que, a veces, entro como en un transe orgásmico en el que logro empatar un orgasmo con otro y otro y otro hasta que el cuerpo no me da más y caigo rendida.
Diego continuaba moviéndose dentro de mí y aún tenía la verga muy dura, ¡no se había derramado! entonces valía la pena hacer el intento de “entrar en trance”.


Me disponía a reanudar el “mete y saca” cuando sentí que Diego me lo sacaba, entonces me quité la verga de Sergio de la boca para pedirle que me siguiera martillando pero no alcancé a decirle nada porque él encajó su herramienta en la puerta de mi culo y se quedó quietico pero me dio una nalgada deliciosa indicándome con ello que yo debía hacer el trabajo.

De inmediato me moví contra él con cierta cautela y sentí que el culo se abría sin dolor dándole paso a la cabezota; volví a moverme para abrirme más el culo y metérmela otro poquito, entonces sentí que mi culo se dilataba por completo y que engullía casi todo el falo sin que yo sintiera ni una mínima molestia… ¡Ufff, que sensación tan sabrosaaaa!

Una vez que su verga se consumió en lo profundo de mi culo Diego comenzó a moverse lentamente, pero yo estaba al borde de perder ese transe maravilloso en que logro una cadena de orgasmos, entonces necesitaba de varios estímulos para mantenerme a ese estado y parte de eso era sentir una verga en lo más profundo de mis entrañas, pero en ese momento tan especial debo evitar sentir nada de dolor o lo pierdo todo. De inmediato metí una de mis manos entre mis piernas para sobarme el clítoris, también serré las piernas con fuerza al tiempo que apreté la nalgas para sentir más la verga en el culo.

No hay nada que le guste más a Diego que darnos a las nenas por el culo, entonces comenzó a bombearme suavemente, no tanto por hacerlo con cuidado y no lastimarme sino que lo hace así cuando quiere demorarse y prolongar su placer… ¡Lo que hacía era perfecto para lo que yo necesitaba en ese momento!

De nuevo logramos sincronizarnos con un ritmo perfecto que me permitió seguir mamando la vergota de Sergio y todas esas sensaciones juntas lograron ubicarme en ese momento físico y mental tan especial.

Mis sentidos fueron en ascenso hasta que estuve lista… yo sabía que había alcanzado el umbral, que había llegado a lo más delicioso y logré quedarme en el límite, sostenerme en el borde antes de dejarme caer en el precipicio orgásmico…

El orgasmo es la meta final y es la síntesis atropellada de todo lo que se llama placer; son todas las sensaciones juntas enrolladas en un nudo angustioso pero fantástico e indescriptible… Resulta casi triste que sea tan confuso, tan breve y que sea la antesala del final…
Lo más delicioso está en todo lo que siento minutos o segundos antes de sumergirme en un orgasmo, es como estar nadando en un mar de sensaciones exquisitas en donde percibo y disfruto de cada roce, de cada caricia, de cada palabra o gemido y en donde todo, hasta lo doloroso, se convierte en enervante placer porque estando al borde del orgasmo todo es delicioso y todavía están plenos los sentidos, de tal manera que alcanzo a apreciarlo todo con perfecta conciencia.


Traté de quedarme más en la antesala del éxtasis pero mi vientre se tensó con el primer espasmo, entonces eché mi cuerpo contra el de Diego quién, al ver mi apuro, comenzó a clavarme la verga con unas estocadas fuertísimas y profundas… ¡Queee riiico! ¡Hijueputa!

El pubis de Diego se estrellaba fuertemente contra mis nalgas ¡Clap! ¡Clap! ¡Clap! ¡Clap! ¡Clap! Adoro ese “aplauso” típico que emiten los cuerpos estrellándose en lo fino de una follada… ¡Ahhh! ¡Dame más duro hijueputaaaaa!

¡Clap! ¡Clap! ¡Clap! ¡Clap!... ¡Qué dichaaaa!

Diego se lució… Por bastante rato mantuvo un bombeo fuerte y constante hasta que no pudo más y tuvo que bajar el ritmo de sus embestidas entonces yo comencé a volver a la realidad.


Sorpresivamente Sergio sacó su verga de mi boca y afanado se levantó de la cama y lo perdí de vista… Segundos después Diego me la sacó del culo y… ¡Zaz! Una verga se me incrustó bruscamente hasta lo profundo de la vagina y comenzó a bombearme con un vigor enervante, entonces supuse que era Sergio que tomaba el lugar de Diego… Pensar en que Sergio era quién me lo estaba metiendo me estremeció de gusto y… ¡Ahhhh! ¡Queee rico hijueputaaa! Casi que inmediatamente quedé inmersa en un nuevo cataclismo orgásmico tan profundo que mi conciencia se nubló y perdí la noción de todo.

Me daban nalgadas, los tres decíamos obscenidades y gemíamos pero por encima de todos esos sonidos orgiásticos reinaba el ¡Clap! ¡Clap! ¡Clap! de sus contundentes arremetidas
En algunas ocasiones yo alcanzaba a darme cuenta qué ellos se relevaban para retomar fuerzas y darme verga con nuevos bríos, unas veces por el culo y otras veces me martillaban la vagina, pero ellos dos estaban tan bien sincronizados que parecían ser uno solo o una máquina de bombear perfecta dotada con pistones inagotables…

Yo quería ¡necesitaba! morder y arañar a alguien o a algo pero pocas veces logré saciarme con sus carnes porque casi todo el tiempo ellos estaban detrás fuera de mi alcance, entonces me tocaba morder o enterrarle las uñas a las cobijas.
Por momentos sentía que yo había llegado a mi límite y que el asunto terminaría, pero ellos me volvían a hacer algo: un arañazo, una nalgada, un tirón de pelo, un vergazo extraordinariamente fuerte… Hacían algo con lo que lograban reengancharme en un nuevo alud de contracciones hasta que comencé a sentir que ya no podía más… ¡Era demasiadooo!

No sé cuánto tiempo estuve en esa secuencia de orgasmos maravillosos, pudo ser una eternidad o un microsegundo porque estando así todo es demasiado y al mismo tiempo es poco...

Llegó el momento en que no pude más, me quedé sin fuerzas y me fui desmadejando hasta que me derrumbé sobre la cama y quedé echada boca abajo con el culo medio izado pero me quedé quieta como un bulto amorfo e inanimado y a ellos se les comenzó a dificultar penetrarme.

Mis dos machitos todavía tenían fuerzas, no habían obtenido lo suyo y no se detendrían hasta vaciar su leche pero prefirieron detenerse para quitarme la ropa a toda carrera hasta que me dejaron completamente desnuda boca abajo y estiraron mi cuerpo lo largo de la cama asegurándose de dejarme bien abiertas las piernas para servirse de mi culo.

Sergio se encaramó sobre mí, hábilmente tanteó entre mis nalgas hasta ubicar el orificio, me lo zampó y comenzó a follarme… ¡Ayyy! ¡Qué dolor taaan hijueputa! La magia había terminado para mí y, a pesar de que yo debía tener el culo abierto como una alcantarilla, tanto ajetreo me lo había escaldado y me ardía muchísimo… Yo estaba más que rendida, ni siquiera tuve fuerzas para pedirles que se detuvieran y a duras penas alcanzaba a quejarme. Pero unos segundos después pensé que yo había disfrutado muchísimo y que lo justo era que ellos también gozaran hasta que quedaran satisfechos, entonces traté de relajarme todo lo que pude y me quedé quieta para dejarme culiar sumisamente.

Con las pocas fuerzas que me quedaban, me aferré a la almohada con ambas manos y hasta la mordí para mitigar el dolor pero seguramente ellos creyeron que mis quejidos eran de placer y continuaron turnándose para darme verga sin compasión hasta que el dolor me hizo llorar pero ellos no se dieron cuenta de mi llanto porque yo tenía la cara clavada en la almohada.

El ardor era insoportable pero comencé a experimentar otra forma de placer, supongo que fue un placer netamente psicológico… Me sentí feliz de sentirme abnegada, casi que obligada a satisfacerlos para remunerarles todo el placer que ellos me proporcionaron. Me sentí muy perra, como una puta… Una puta que tenía que aceptar sumisamente todo lo que ellos quisieran porque ya me habían “pagado” y ahora yo tenía que complacerlos… ¡Siiii! Yo era su puta y tenía que dejarme hacer todo lo que ellos quisieran así me reventara de dolor…

Esa fantasía me excitó y mi sufrimiento comenzó a pasar a un segundo plano entonces comencé a sentir algo muy rico… ¡Uy jueputa! ¿Seré capaz de venirme otra vez?
Pero no, mis dos machitos se vinieron y se terminó ese round… Los tres quedamos tirados en la cama y finalmente me quedé dormida.

No sé cuánto tiempo habré dormido, hasta que Sergio y Diego me despertaron a punta de caricias deliciosas y yo pensé que ellos habían recargado baterías y que me comenzaban a calentar para darme otra follada, entonces comencé a prepararme. Pero casi me muero de tristeza cuando Diego se me acercó al oído y cariñosamente me dijo que se estaba haciendo tarde y que debíamos vestirnos para llevarme a mi trabajo… ¡Nooo! ¡Qué desgracia!

Me sentía muy cansada y me dolía todo el cuerpo pero estaba feliz, sin embargo me incorporé con un esfuerzo enorme para mirar la hora y ¡Ahh! Era cierto: teníamos el tiempo justo para arreglarnos a toda carrera y llegar en punto a mi trabajo.

Pero… Para darme ánimo, Diego me abrazó y me dio un beso delicioso y, simultáneamente, Sergio comenzó a acariciarme la espalda al tiempo que me dijo que yo era la mujer más bella y maravillosa del mundo y ambos continuaron diciéndome un montón de cosas lindas… Ninguno de los dos me dijo ni me hizo nada lujurioso, ambos fueron absolutamente cariñosos, pero yo tenía los nervios a flor de piel y sentí que me derretía… y que también me mojaba.

Noté que a Diego se le comenzaba a poner dura la verga y, como si él tratara de evitar lo inevitable, no muy contento se apartó de mí diciendo que lo mejor era levantarnos de una vez…
Me puse boca arriba y me quedé quieta mirando al techo pensando en qué hacer, de repente me invadió un deseo incontenible y en un segundo concluí que no me iría a trabajar con semejantes ganas… Ya estaba decidido entonces, con cada mano, tanteé hasta agarrarles sus respectivas vergas y, mirando a Sergio, les dije que alcanzábamos a echarnos un “rapidito”.


Ambos quedaron sorprendidos al tiempo que complacidos y se miraron el uno al otro como dudando qué hacer, entonces Diego reaccionó y le dijo a Sergio: ¡Hágale de una usted primero!

Sin pensarlo más, Sergio se aferró a mis tetas y comenzó a besarlas y a amasarlas; Diego y yo nos atornillamos en un beso delicioso al tiempo que él me metió una mano entre las piernas y comenzó a hurgarme la cosita.
Yo sentí como sus vegas se iban hinchando entre mis manos y rápidamente quedaron como fierros candentes, ¡Ufff! ¡Qué riiico!

Repentinamente Diego se apartó y rápidamente buscó los condones; desempacó dos, le pasó uno a Sergio y en un santiamén ambos quedaron con sus herramientas enchuspadas.
Sergio se me encaramó y yo me abrí de piernas como un libro para recibir su verga, pero… ¡Hayyyy jueputa! Apenas me encajó la punta en la entrada sentí un ardor horrible y el pobre Sergio quedó paralizado con mi exclamación… Pero yo estaba tan arrecha que al segundo le dije que siguiera y él me lo fue metiendo lentamente, pooooco a poco.

¡No joda! Fue mucha la verga que dieron en el polvo anterior y me dejaron la cosita y el culo muy maltratados… Pero tanta era mi calentura que logré superar el ardor y, un minuto después, le estaba rogando a Sergio que me bombeara sin piedad hasta que estuve a punto de venirme pero él se me adelantó y se derramó antes de que yo llegara entonces Diego me montó.
Pero que Sergio se detuviera y que cambiara con Diego me disparó el dolor y, con tristeza, noté que con tanto ardor me resultaba imposible lograr mi orgasmo, ¡Era terrible! Pero me lo aguanté porque no quería que mi Diego quedara en desventaja con Sergio… Eso no era justo.

Por fortuna Diego terminó rápido pero él se dio cuenta de que yo no lo había logrado, entonces se bajó a terminar el asunto con la lengua y Sergio lo apoyó haciendo fiesta con mis tetas y comiéndome a besos.
¡Ahhh! ¡Qué maravilla! Ya sin ese ardor tan terrible logré llegar rápidamente y sé que así hubiera podido tener otro o más orgasmos pero me entró la angustia por la hora entonces nos tocó parar el juego.

Casi no me puedo levantar, estaba agotada y literalmente podía decir que me dolía TODO, ¡Desde el pelo hasta el culo!
Los tres nos metimos al tiempo a la ducha y mis dos machitos me jabonaron cada centímetro y cada rinconcito de mi cuerpo… ¡Ahhh… queee delicia!

Cuando salimos del motel vimos que el día terminaba con un atardecer soleado esplendoroso y comencé a sentir un hambre espantosa, entonces recordé que no habíamos almorzado y se me ocurrió comentar que el ambiente y la tarde estaban perfectos como para ir a un restaurante con terraza a comer algo y a conversar tomándonos unas copas…
Los tres guardamos silencio pensando en ese imposible, pero antes de que alguno de ellos alcanzara a decir nada, retomé la palabra y desprevenidamente dije:
“Uy ese plan hubiera sido genial, pero más genial hubiera sido hacer eso y después volver al motel para rematar con otra buena dosis de sexo.”
Ambos me miraron sorprendidos, se miraron y soltaron tremendas carcajadas.
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